SLOW LIFE

Cuando escucho estos días hablar de la «nueva normalidad» me pongo contenta, se me enciende una luz. Sería frustrante que todo volviera a ser como antes, que ésta época convulsa no sirviera de reflexión. Pienso mucho en la velocidad en la que estábamos acostumbrados a vivir. Cuando hablamos de éxito personal, hay un perfil que nos viene a la cabeza: la persona que no tiene tiempo. La que por las noches cae exhausta en la cama por haber exprimido todas las horas del día. Actividad frenética, consumo frenético, gimnasio, viaje a la otra punta del mundo.. y de repente…bam!

Slow life. Fijarme en los pequeños detalles. Tomarme mi tiempo, tiempo de calidad. Aprender a decir no. Son las pequeñas lecciones que intento introducir en mi vida desde hace algún tiempo. El concepto «éxito» no tiene por qué ser igual en todas las personas, cada uno somos arquitectos de nuestra propia fórmula. Y estos días están siendo propicios para construirla.

Al hilo de esto, quiero hacer mención a unos de los descubrimientos que he hecho últimamente: Estudios científicos indican que existen unas ondas de nuestro cerebro, llamadas ondas alfa, que son las encargadas de proporcionarnos calma mental y se activan, entre otras ocasiones, antes de dormir. Por ejemplo, está demostrado que la naturaleza vibra en alfa. Y nuestro cerebro, cuando está inmerso en sus actividades rutinarias, en beta. Cuando observamos un árbol, un río… entramos en sincronía con ella y comenzamos a vibrar en su frecuencia. La magia existe y no hay que irse muy lejos para experimentarla.

¿Cómo podemos alcanzar este estado deseable con pequeños gestos? ¿Cómo dormir mejor durante estos días? Ahí van algunas ideas que puedes poner en práctica durante el confinamiento y no confinamiento:

1.Mira al día marcharse

Cuando veas que la luz del día se está apagando, coge una silla y siéntate en el balcón o o cerca de una ventana exterior. Pon todos tus sentidos en funcionamiento. Mira los colores que se van pintando en el cielo. ¿Está rosa? ¿Se va anaranjando? Escucha los sonidos ¿Se oye el canto de los pájaros que se van a dormir? ¿Escuchas el silencio de la calle? Siente el viento que te da en la cara ¿De dónde viene? ¿De África y es cálido? o ¿viene de los países nórdicos? Si acompañas este momento con un vinito… nirvana!

El día se va. Pero otro vendrá. Expira el día que se va. Respira el que vendrá.

2. Escucha El sonido de la lluvia

Parece que mañana también lloverá. Cuando el chaparrón esté en su máxima intensidad, abre todas las ventanas de casa y escucha como el agua golpea diferentes objetos. Las calles y el aire de tu ciudad o de tu pueblo se están limpiando.

3. Documentales de animales antes de acostarse

No hay día malo que no pueda arreglarse con un documental de bichos peludos. Una buena dosis de adorabilidad ralentiza el cerebro. Podéis empezar con la serie de documentales «La tierra de noche» de Netflix. Con cada capítulo da la sensación de viajar a tierras extrañas.

4. Medita

Siempre me ha rondado la siguiente pregunta: ¿qué es exactamente meditar? ¿Estar en silencio? ¿Concentrarse muy mucho? Pero concentrarse en qué y para qué. Poco a poco estoy llegando a la conclusión de que meditar es conectar contigo mismo, mirar dentro sin ningún objetivo concreto. Suena tan abstracto y aburrido que nos echa para atrás, ¿verdad? Pues conectar con uno mismo es la base de la salud.

Aunque no tiene por qué ser necesario, a mis meditaciones les intento dar un punto místico. Me ayudan a lograr un ambiente cálido y una mayor conexión. Os cuento cómo lo hago por si os sirva de ayuda. Tiene incluso título 😉

Viaje al centro de mi cuerpo

Elementos:

  • Una vela:
  • Una piedra: utilizo la amatista porque invita a la calma.
  • Música:
    • «Ghosts» de James Vincent McMorrow,
    • «Purnamadah» de Shantala
    • «River Flows In You» de Yiruma
    • «Kothbiro» de Ayub Ogada
    • «Mere Guru Dev» de Krishna Das

Enciendo la vela, observo su llama. Es como si automáticamente me desconectara del mundo exterior. La llama está quieta, pero de pronto empieza a balancearse. Yo la sigo con la mirada mientras me pregunto qué es lo que la hace bailar, si aquí dentro en casa no hay viento…

La música suena de fondo muy bajita, viene de lejos, y es tan evocadora que me obliga a hacer una respiración profunda. En mi mano tengo la amatista. Está fría y contrasta con el calor de la llama. Pongo la piedra sobre la vela porque me da la sensación de que así se carga de energía. Después la recojo en mi palma. Cierro los ojos, escucho mi respiración y me dejo fluir, me dejo sentir, hablo con mi cuerpo.

Cuando vuelvo de ese viaje, es como si hubiera estado en el planeta Pandora. Como si hubiera visto otros colores, percibido otras sensaciones, escuchado otros sonidos.

5. Anota tus pensamientos en una libreta

Si ya son las 12 de la noche, no te has tomado un momento para conectar contigo y te rondan problemas por la cabeza, puedes seguir este consejo ultra-práctico. Anota tus preocupaciones en una libreta antes de meterte entre las sábanas blancas. El pensamiento se disuelve.

Confieso que antes no disfrutaba de las pequeñas cosas. Todo cambió cuando supe que con estos gestos se lograba atrapar el tiempo, transformarlo y hacerlo más extenso.

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