Hola. Aproximadamente cada 28 días tengo la regla. Y mis amigas también. Y las amigas de mis amigas también. Y las chicas del trabajo también. Y llevamos mucho tiempo viendo que la estructura social actual no tiene en cuenta nuestras necesidades vitales.

El otro día un profesional de la salud me dijo la siguiente frase: «Todas las mujeres que menstrúan deberían tener la posibilidad de teletrabajar durante esos días«. Muy fuerte, ¿verdad? ¡Y además lo dijo un hombre! Un hombre con testosterona. En ese momento me eché a reír dominada por una mezcla de alegría y frustración. Y es que…
- Hasta hace dos días nos vendían que practicar sexo con la regla era algo sucio y a evitar.
- En todos los ámbitos de nuestra vida se nos exige exactamente lo mismo estemos sangrando por la vagina o no.
- De niñas cuando nos venía la menstruación por primera vez, en vez de expresarlo con orgullo lo escondíamos.
- A día de hoy cuando vamos al baño a cambiarnos la compresa o tampax lo escondemos en la manga, como si lleváramos alguna clase de droga psicotrópica.
- La publicidad de las compresas y tampones juega a que la regla es algo que se debe tapar con productos perfumados, pequeños. Incluso su tecnología está pensada para parecer que no sangramos. ¡Y el colmo de los colmos es que en los anuncios la sangre tiene color azul! (Que no somos princesas de sangre azul, ¡coño! ¡que somos mujeres!)
- Si nos duele, nos medicamos y ¡a funcionar!
- Y un eterno etc.
Teletrabajar…bonita utopía… ¡Pero si la sociedad todavía no está ni preparada para asumir que lo que sale de la vagina es SANGRE ROJA y DUELE! La sociedad, a estas alturas, sigue haciendo como si no pasara nada, como si las mujeres no fuéramos cíclicas, como si la extinción de nuestra especia no dependiera para nada de este chute de hormonas que padecemos. Emosido engañado.

Y sí, es cierto, durante los días previos a la menstruación algunas mujeres sentimos que tenemos a Satán inside. Pero, ¿cuántas veces nos han hecho sentir que estamos locas? Qué hay de la frase, «Tía, ¿estás con la regla o qué?» Que no os engañen, ni estáis locas ni sois unas histéricas. Simplemente tenéis la progesterona y estrógenos hechos unos zorros y esta sociedad no os está ayudando a llevarlo mejor, a parar, a tomároslo con calma. Amigas, siento deciros que si no os cuidáis vosotras, nadie lo va hacer. O sea que, os invito a reflexionar sobre si realmente merecéis bajar revoluciones en esos días. Os adelanto que sí, que vuestro cuerpito sangrante lo merece. Parad y tener con vosotras mismas una cita relajada, rústica y lenta. Hoy vamos a honrar al síndrome premenstrual (SPM), al amor propio y al chocolate caliente. Hablemos de la hora de la merienda.
LET’S DO LA MERIENDA GREAT AGAIN
La merienda es un momento estupendo para parar y regalarle un ratito de calidad a tu yo adulto/menstruante:
- El cuidar los detalles de tu merienda te hacer estar presente y bajar revoluciones.
- Son los días en los que el cuerpo nos pide más dulce porque estimula la liberación de serotonina.
- En tu casa puedes llorar a gusto si el SPM ataca fuerte.
- Cuanto más tiempo de calidad tengas contigo, menos cuesta arriba se te hará la jornada laboral del día siguiente.
- Durante esos días tu nivel de creatividad aumenta. Al pasar tiempo a solas se te pueden ocurrir soluciones/ideas con una facilidad asombrosa.
- Tu sentido del olfato y el gusto se potencia, por lo que disfrutarás el doble de tu merienda.
Recuerda: Es lícito parar cuando estás en pleno SPM o estás menstruando.
Lo primero que debes hacer es buscar un rinconcito acogedor, el lugar estrella de la casa para acurrucarte en compañía de un libro y tu merienda. Quizás tengas una butaca especial justo al lado de la biblioteca, o si tienes una casa tipo «polipocket» como yo, probablemente te conformes con un comodísimo sofá. Sea cual sea ese lugar, ordénalo y ponlo bonito (el desorden durante esos días puede ser un factor desquiciante). Añade unas velas, pon a la vista algún objeto que te traiga recuerdos y unos cojines cómodos. En definitiva, haz el lugar tuyo, dale tu marca personal.
Ahora vamos a preparar la merienda. Lo que vas a degustar esta tarde debe ser escogido a conciencia para proporcionarte el ratito de felicidad que te mereces. Una de las opciones es ir a una tienda local y no escatimar en gastos. Dile a tu merienda que te importa. Compra el mejor chocolate, ese trocito de tarta pecaminosa, o el té con el aroma más delicioso.

Otra de las alternativas es hacerlo tú mismo. Es la opción más interesante de todas porque la lentitud del proceso te hacer estar en presencia y más en conexión contigo misma. Además disfrutarás el doble a la hora de comer ya que estarás ingiriendo moléculas de cariño. En definitiva, lo importante es que esos alimentos estén escogidos o hechos con amor.
A continuación os pondré ejemplos de meriendas aptas para el SPM. En todas se cumple un patrón: el dulce. Y es que amigas, hay que compensar el carrusel hormonal que padecemos con un buen chute de chocolate. ¡A por la felicidad en forma de coockies!
- Chocolate a la taza + bollo con capa gorda de mantequilla (como los de Bilbao de toda la vida. Los de Martina deben de ser los mejores, según mis amiguis del Botxo)
- Té de manzana, canela y almendras (yo lo compré en la Casa del Té, en Donostia) + pastas.
- Café con bien de espuma + trocito de tarta de queso artesanal (en Donostia hemos descubierto una pastelería que tienen una mini tarta de queso espectacular. Es curioso porque la pastelería no tiene puesto el nombre. Está en la calle Arrasate, enfrente de la Fnac)
Es hora de ponernos serias. Vamos a hablar de las prohibiciones: ¡no rotundo a tomar la merienda en un vaso y plato vulgar! Una bonita tetera, aquel plato colorido que compraste en Marrakech o esas tazas que solamente usas para los invitados serían los compañeros de merienda ideales. La única condición es que sean objetos bellos a tus ojos (la belleza relaja, está comprobado).
Por último, para que puedas disfrutar de este momentazo siendo tal y como eres (excepto si eres Pablo Motos, que entonces mejor sé otro), te recomiendo que te despojes de esos vaqueros rígidos e insertes tu cuerpo en ropa informal hogareña. Otra prohibición: el pijama, por muy gordo y bonito que sea no está a la altura de las circunstancias. Jamás recibirías en casa a nadie en pijama, ¿verdad? Pues date la misma o mayor importancia que a esos hipotéticos invitados. Lo del chándal ya es otro level, ¡sí se puede!. Escoge un tejido agradable para tu piel y colores serenos. Unos calcetines ultragordos con pelito por dentro son mi must para estas ocasiones.
Y hasta aquí mi aportación a la revolución feminista por hoy. Hazme caso: soledad, mantita y chocolate a la taza. Bye bye Satán.