Tu cabeza es un trastero

Tienes que vivir en el presente, ponte YA a vivir en el presente que estás malgastando tu vida, ¡la vida no merece ser vivida sin vivir en el presente! Que levante la mano quien no haya escuchado reiteradamente este tipo de frases en los últimos años. He buscado el Santo Grial en libros, en clases de mindfullness, en podcast repletos de tips… Y bueno…cada uno de ellos me ha ayudado en mayor o menor medida a entender el concepto. ¿Y qué? También he leído artículos sobre arquitectura y por ahora no he construido ningún edificio (aparte de los de Lego con 6 años). Es ciencia ficción estar en el presente cuando en nuestra cabeza hay más ruido que en las obras de la casa del vecino. Ruido es mal: ruido son las preocupaciones, son los miedos, los constantes estímulos de la era digital. Ruido es lo que nos dicen otros que debemos hacer para ser felices.

Del ruido se debe escapar como del SARS-Cov-2, como de ese chupito de Jagger justo antes de irse a casa porque a tu amiga le hace ilusión. Y hay que escapar porque es la única manera de ver tu propia vida desde una perspectiva más objetiva y tomar mejores decisiones, decisiones de manera consciente. Porque viviendo en modo «pollo sin cabeza», corremos el riesgo de llegar a destinos que no elegimos. De esta forma tan tonta ocurre que uno de pequeño sueña con ser trompetista y muere siendo ingeniero. Todo por no haber aprendido a distinguir nuestra propia voz entre tanto escándalo mental (ruido –> eso no tiene futuro, la ingeniería tiene muchas salidas, no tienes oído musical…). Y eso me parece un puñetero drama. El vaticano no da abasto con los rezos por tantas almas confusas. (Ahora me voy a ir un poco por las ramas, pero si a alguien deberíamos escuchar de pequeños es a nuestros abuelos. Que tienen mucha sabiduría acumulada y son más indulgentes con lo nietos. Escuchar a los abuelos es bien. Ignacio me decía que escribiera, que escribiera, que escribiera y que no parara de escribir)

Volviendo al tema que nos ocupa: el ruido que no amaba a los humanos. Mi intención es compartir con vosotros en los sucesivos posts algunas actividades que hago para el valeroso acto de escapar del bullicio estéril de mi mente. Os contaré sencillos rituales que practico en solitario (imprescindible lo de solitario). Yo los llamo «citas con el artista», una idea que cogí prestada del libro «El camino del artista» de Julia Cameron. El artista soy yo, el artista eres tú, y solamente tenemos que reservar todas las semanas una cita con nosotros mismo para hacer algo divertido, placentero.

En el próximo post contaré una de mis citas con el artista: PHOTOWALK. O lo que es lo mismo y sin anglicismos, «aventura en tu ciudad con cámara de fotos en mano». Espero que te pueda servir de inspiración para dejar entrar entrar en tu mente a ese abuelo que tan buenos consejos te daba.

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